Antes del principio todo era tinieblas y vacío. El rostro del cosmos sumergido aun no se había manifestado, en efecto, no era rostro siquiera, sino la nada sin fin. Ni luz, ni sonido, ni movimiento, ni vida, ni tiempo. Todo era nulo y el universo aún increado ni siquiera concebido pues no había forma en que concebir o ser concebido.
En su vacío la tiniebla reparó en sí misma y se dio cuenta de que no era nada, solitaria y oscura, no nacida, no manifestada, callada.
¿Imaginas este silencio, el silencio de la nada? ¿Serás capaz de acallar tu voz interior hasta llegar a